Negro y blanco

Él hombre regresó a su apartamento un día como entraba cada día antes de ese.  Eran las seis y medio de la noche.  Él entró por el lobby.  Él edificio había construido en los años sesentas.  Por eso, había muchos habitantes mayores quienes habían vivido allí desde el principio del edificio.  Algunos de los habitantes habían trabajado para el edificio como porteros.

Él hombre recordó de una vez cuando pasó en frente de una de los habitantes.  Guau, que belleza tiene. En general, ella había trabajado con el correo.  Casi siempre se podía observarla repartiendo las cartas con noticias, las buenas y también las malas a la gente.  Pero hoy, ella no estaba detrás del escritorio y las cartas se quedaban en un montón… despeinado.  Si ella estuviera no lo permitiría pasar.  Él escritorio se ve tan vacío como el estomago que se muere de hambre en África.

La situación se puso un poco nervioso como se sentía cuando era un atleta antes de una carrera pesada.  ¿Pero, dónde estaría?  Cada día cuando el hombre veía su cara se pone contento y ya que no esta se pone curiosos y un poco arrecho.  No podía controlar las emociones que tenía.

!!Ahhh, no!!  ¡Basta Andrés!  No es nada.  Quieto, quieto, quieto.

Le gritó sin hablar.  Él pesaba en su vestido rojo. Era bonito pero le gustaría verla en un color más neutral.  Cuando un pelo era suelto en su cara siempre parecía bonita.

¿…Pero, dónde andaba ella?  Él sabía que debería subir hasta su apartamento pero algo se le queda allí en el lobby y el esperaba a algo a suceder. O tal vez esperaba la respuesta de sus curioseas.

Acaba de pensar en sus dudas de ella, ella apareció. Pero ahora se pone un traje desconocido. Se lleva un traje de monja. La saludó con la mano y subió hasta su cuarto pensando que negro y blanco son sus colores mejores.